#include <discapacidad> 

#include <prótesis> 

#include <error> 

#include <subtítulos> 

#include <organismo> 


Por nuestra propia condición nos hemos visto obligadas a desafiar los comportamientos considerados naturales.


...


La humanidad intenta avanzar hacia la normalización, enmascarando las discapacidades, superando cualquier limitación que pueda retrasarnos o impedir el éxito. 


Tenemos que parecer lo más normales posibles. O, por lo menos, hacer cosas normales.


(Imagina una voz chillona de niña)


Todo ha empezado en un espacio blanco y suena un pitido muy fuerte, insoportable. ¿Será algo simbólico?


Las prótesis son instrumentos de modificación del cuerpo que intentan reemplazar una función anatómica o sensorial. En nuestro día a día los aparatos protésicos nos adaptan, pero también nos constriñen. Nos moldean para encajar dentro de un sistema homogeneizante de regulación corporal que no cuestiona las jerarquías establecidas. 


Mi cuerpo ha sido adaptado con tecnologías para poder escuchar, leer los labios y articular palabras. Son herramientas que ayudan a disimular mi condición de sorda. 


Oír mal, bailar mal, cantar mal. Movimientos arrítmicos.


Me deja perpleja mi relativa falta de interés en las voces reales de las personas. A  menudo, en vez de entender lo que dicen, creo mi propia banda sonora en mi cabeza. Un coche pasa por mi lado en una explosión de pitidos de ciencia ficción y efectos sonoros como de magia. Esto sucede en un universo paralelo en el cual yo existo temporalmente. El mundo digital de los sonidos es muy ruidoso, irreal, una alucinación. Lo que escucho es una hiperrrealidad ambiental.


Oigo el ruido, pero no distingo lo que estáis diciendo. Mi cerebro no ordena de forma correcta todos los sonidos que recibe a través de las prótesis auditivas. Os hablo, pero mi voz me es ajena.


Dentro de su cabina el audioprotesista ejerce su poder sobre mí. Me restaura, me reprograma y me reinicia constantemente.


La voz me molesta.


El ruido externo me está molestando, se solapa. La gente que habla me está molestando. (jadea). Los subtítulos adquieren otra dimensión. La voz se vuelve secundaria. Está ahogada por el ruido. (jadea) La voz nunca dirá lo mismo que los subtítulos. Los subtítulos no saben si estás jadeando de dolor o de placer. 


(Imagina de nuevo la voz chillona de niña)


Recuerdo con claridad el primer día que fui a la escuela con mis oídos biónicos. La profesora me subió encima de una silla en medio de la clase y dijo al resto de criaturas: “a partir de ahora tenéis que tratarla con delicadeza. Sus nuevos oídos son frágiles y pueden romperse.” 


A veces sospecho que no soy quien creo ser. Supongo, que si empiezas a dudar, no terminas nunca. Somos seres posibles. Tenemos las proporciones adecuadas que nos permiten permanecer en los límites. Es difícil precisar el punto en que realidad y fantasía se confunden. 


No pienso en mis prótesis como aparatos que sustituyen unos oídos que fallan según la lógica capacitista. Utilizo las prótesis como estrategia para especular con la invención de otros órganos artificiales que dinamitan las relaciones de interdependencia habituales entre estas tecnologías y el cuerpo. Ahí es cuando una prótesis pasa de ser algo sustiturio, a ser algo que añade, que abre, y que rompe el cuerpo, poniendo en duda la idea de un ser humano cerrado y completo. 


...


Te enseñaré a leer los labios, pero esta información no debe salir de esta habitación. Tú a cambio crearás una canción para mí, y tendrás que explicarme como suena exactamente la canción.


(está cantando, pero nadie oye nada)


Describís a la gente como yo como rara o confusa, en vez de admitir que sois vosotros mismos los confundidos. 


¿Te acuerdas de la voz chillona?

(risa contenida)


Mi cerebro no ordena de forma correcta todos los sonidos que recibe a través de las prótesis auditivas. Cada vez que mis oídos biónicos se reprograman aprendo a oírlo todo de nuevo. 


Oír mal, bailar mal, cantar mal. 


Estamos perdidas en la traducción. Podemos subtitular a la velocidad en que hablamos, aunque el ruido es tan fuerte que apenas entendemos nada. Toda traducción implica necesariamente una fragmentación. Traducción del sonido a la imagen, del oído a la vista. Del sonido al texto: los subtítulos. 


En cierta manera hablamos entre nosotras a nivel telepático, no consciente. Si os fijáis en los labios os daréis cuenta de que decimos otra cosa. Parece que nos siguiera con la mirada, como si compensara con los ojos. 


Prótesis, tubos, plástico, órganos, cuerpo, máquina, piel. Plasticidad de los sentidos. Formas de hacer grotescas. 


No soy humana. No puedo serlo. El cuerpo discapacitado no encaja dentro de esta categorización. Las características inscritas en el sujeto humano y las estructuras que lo avalan difícilmente me representan. Si no soy humana puedo ser lo que quiera ser.


Estoy compuesta de organismo y tecnología, pero prefiero definirme como monstrua que como cyborg. El cyborg se ha vuelto demasiado amable. Si nos temiesen nadie podría decirnos lo siento, pero no puedes entrar.  


El pitido fuerte ha dejado de oírse. El espacio sigue siendo el mismo, pero el pitido ha parado. 


Tengo miedo. Es la única cosa que me hace sentir humana.