Se puede tener a la gente enganchada durante horas


Fotocopia, serigrafía, litografía y punta seca sobre papel de distintos gramajes.



Existe la urgencia de reducir al máximo la política del error, estableciendo estrategias de control que se sustentan en una repetición sistemática de ciertos mecanismos en el lenguaje y en la imagen, asegurando así su reproducción y evitando cualquier posible desviación. Bajo estas premisas, se ha ido articulando todo un sistema disciplinario de verificación, que dicta aquello que es válido frente a lo que no lo es.


'Se puede tener a la gente enganchada durante horas' es un proyecto que parte de la apropiación de imágenes y textos desde distintos medios visuales. Resignifico todo este material a través de  varios métodos de reproducción: la fotocopia, la serigrafía, la litografía y la punta seca. Elimino el uso del color para unificar formalmente el material que voy generando; así, aún proviniendo de diferentes medios, se sitúa todo a un mismo nivel. Por otro lado, establezco paralelismos entre el acto repetitivo que implica la reproducción de imágenes a través de las técnicas de reproducción analógicas y las formas de repetición sistemática en que se basan los medios visuales  (como las redes sociales, o los tradicionales medios de comunicación) de los que han sido extraídas. Cuando el discurso hegemónico -ligado a sus respectivas imágenes- es reproducido repetitivamente deviene rentable. Yo hago uso de estas técnicas de reproducción y introduzco variaciones en cada una de las copias, cuestionando tanto la reproducción del discurso como la reproducción del original.


Expongo este archivo a través de distintos formatos usando la mesa y la pared, y en cada puesta en escena se resignifica inevitablemente. Los fragmentos se interrelacionan siguiendo una estructura rizomática, en tanto que cada uno puede ser conectado e incidir en cualquiera de los demás. De este modo ninguna asociación de significados perdura largo tiempo, propiciando un continuo proceso de descontextualización que no permite fijar una verdad absoluta.

Durante el mes de septiembre vuelvo a Barcelona. Tres hombres jóvenes en el suelo del aeropuerto tapados con tres banderas: la estadouniense, la española y la de Brasil. También había una rata en el suelo, muerta en un diminuto charco de sangre. Y pienso en Donald Trump, Mariano Rajoy, Michel Temer. Ojalá tuviera una cámara para poder hacer unas fotos y enseñarlas. Me quedo mirando hasta que uno de los hombres abre los ojos y me mira y me acuerdo del verano en que escuchaba Eskorbuto.  Todas las banderas tienen héroes, muertos y la  paloma de la paz acabó en el puchero. El último discurso acabó en el insomnio y ahora todos duermen y duermen, duermen y duermen. El espectáculo en una secuencia de imágenes. En la imagen los personajes actúan, en la calle la gente sale a celebrar el espectáculo- Y luego, la democracia. No sé, yo lo veo trágico. No hemos dejado este mundo, dijo mientras se oía el terrible estruendo. No te oí, pero te leí los labios.

Se puede tener a la gente enganchada durante horas


Instalaciones interactivas en la Sala Miró de la Facultad de Bellas Artes de la Universidad de Barcelona